ORACIÓN PARA DESPEDIR EL AÑO!!!

Señor, dueño del tiempo y de la eternidad, 
tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro. 
Al terminar este año quiero darte gracias 
por todo aquello que recibí de Ti.

Gracias por la vida y el amor,
por las flores, el aire y el sol,
por la alegría y el dolor,
por cuanto fue posible y por lo que no.

Te ofrezco cuanto hice en este año,
el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos.
Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas y los antiguos amores, los más cercanos a mí y los que estén más lejos, los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.


Pero también, Señor, hoy quiero pedirte perdón.
Perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado.
Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo.
También por la oración que poco a poco fui aplazando y que hasta ahora vengo a presentarte.
Por todos mis olvidos, descuidos y silencios, nuevamente te pido perdón.


En los próximos días iniciaremos un nuevo año y detengo mi vida ante el nuevo calendario, y te ofrezco estos días a Ti, pues sólo Tú sabes si los llegaré a vivir.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.
Quiero vivir cada día con optimismo y bondad, 
llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes. Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno. Que mi espíritu se llene sólo de bendiciones
y las derrame a mi paso. 
Cólmame de bondad y de alegría para que, cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí, encuentren en mi vida un poquito de Ti.

Danos un año feliz y enséñanos a repartir felicidad.


Amén

Boletín Diocesano - Junio 2016

Navidad 2016: Navidad es Jesús

Navidad 2016
Navidad es Jesús

Navidad es Jesús. Para muchos esta afirmación puede ser demasiado obvia o poco original; sin embargo son otras cosas las que se respiran muchas veces en el ambiente Navideño.
Estas fiestas muchas veces «secuestradas» por una superficialidad consumista o sentimental hacen que pase Navidad y todo siga como antes.
Sin embargo desde la primera Navidad nada siguió igual. Hay una verdad decisiva que no puede ser olvidada.
Dios que entra en nuestra vida haciéndose niño, un ser frágil que todavía no sabe decir ni hacer nada aparentemente importante y valioso. En esa pobreza Dios nos muestra de una vez para siempre su infinita ternura y misericordia. Dios nos ha aceptado tal como somos, seres frágiles y necesidades. Desde aquella primera navidad, nada es igual.

“Gloria Dios en el cielo, y paz en la tierra a los hombres a quienes Dios ama” cantaron los ángeles en la primera Nochebuena de la historia.
Y fue buena de verdad aquella noche, para Dios, para el mundo, para el  hombre.
La luz envolvió la sencillez de los pastores e iluminó la tranquila soledad de los campos.
En Belén nacía Dios para nosotros.
En Belén las tinieblas se hicieron luz.
En Belén lo imposible comienza a ser posible
En Belén descubrimos que Dios es ternura
En Belén, desde Belén y por siempre, podemos gritar: Dios es nuestro Padre y todo hombre es mi hermano.

Navidad es Jesús porque el niño nacido en Belén es nombre de salvación para nosotros y para todo el mundo.
Navidad es Jesús. Ese débil niño del pesebre, es Jesús...
El que quita el pecado del mundo
El que hace verdaderamente nuevas todas las cosas
El que ilumina nuestro camino y nos anuncia como a pobres su Evangelio
El que sube a la montaña para orar y baja del monte para servir
El que sana a los enfermos y asume el dolor.
El que multiplica el pan y se hace pan
El que nos enseña a amar y ama hasta el fin
El que venda los corazones rotos y deja que traspasen el suyo.
El que en la pequeñez y pobreza de un pesebre nos regala la riqueza inmensa  del amor de Dios

Navidad es Jesús porque desde aquélla noche, Dios es uno de nosotros.
Desde aquella noche, Dios tiene hermanos: Nosotros.
Desde aquella noche, Dios tiene preferencias: los pobres, los pequeños, los sencillos, los limpios de corazón.
Navidad es Jesús porque hizo de la noche, nochebuena, la más buena. Desde aquella noche nada quedó en pie; y la apariencia perdió su fuerza.
Los dioses tienen fecha de vencimiento y Dios reina para siempre.
Desde aquella noche, un chico sano no vale más que un discapacitado.
Una raza no vale más que otra raza.
Un corazón limpio vale más que uno sucio.
Un asesino puede llegar a ser santo.
Desde aquella noche todos los caminos pueden ser rutas de Dios.
Desde aquella noche no tienen ciudadanía los que matan, los que odian, los que oprimen, los corruptos, los mercaderes de la muerte blanca, los vengativos, los egoístas.
Desde aquella noche, no tienen derecho unos y obligaciones otros, todos tienen derecho a ser hijos de Dios y obligación de vivir como hijos de Dios.
Fue la noche buena, la del amor que nace, del amor que llama, del amor que exige, del amor que redime.

Navidad es Jesús, y es fiesta para el que cree que la paz es posible, fruto de la verdad, de la justicia y la libertad.
Fiesta para el hombre que descubre que Dios es nuestro Padre y asume desde el amor el gozo y el dolor de los hermanos.
Fiesta si somos capaces de creer en el hombre y realizar cotidianamente la historia con la fuerza transformadora del Evangelio.
Fiesta porque mirando al niño que nace tenemos la esperanza cierta de volver a tener un corazón niño.
Hoy, igual que ayer, desde más hace dos mil años y por siempre queremos celebrar el nacimiento de Jesús, esa es la fiesta.
Hora de la  manifestación del reino nuevo en el mundo que busca a tientas, pero con esperanza, esa luz que los guíe por el camino de la verdad.

Señor, que venga tu reino. Que reine la paz y que su luz ilumine la tierra y su ternura acaricie nuestros corazones.


¡FELIZ NAVIDAD! ¡FELIZ NOCHE SANTA PARA TODOS!
Que Dios los bendiga y la Virgen Madre los cuide.

24 de diciembre 2016
Mons. Eduardo García
+ Obispo de San Justo



Misa por las tres T. Barrio Santos Vega. 16/12/2016

En el marco de la exhortación del Papa Francisco a cumplir con el "derecho sagrado" de las ´3 T´,el pasado viernes 16 de Diciembre, la Pastoral Social de la Diócesis de San Justo organizó una ´Misa por el Trabajo, la Tierra y el Techo´, en el Barrio Santos Vega . La misma fue presidida por mons. Eduardo García y estuvo concelebrada por los presbíteros Julio Chazarreta, Basilicio Britez, Claudio Pulli y Daniel Echeverría.

A continuación compartimos la Homilía de mons. Eduardo García

Siempre la Palabra de Dios nos tira una pista; porque hay muchas cosas que se van repitiendo en la historia, porque el hombre sigue siendo hombre. Y el pueblo elegido, el Pueblo de Dios; ese que vemos en la serie de Moisés, pasó muchas cosas y vio muchas cosas. Estuvo en el exilio después de haber alcanzado la tierra prometida y en cierto momento  de su historia se la creyeron pensando que eran los dueños de Dios. Eran el pueblo elegido y tenían el patrimonio exclusivo de Dios. Sin embargo, Dios les dirige su Palabra. Este texto del profeta Isaías es una de las proclamaciones más bellas de un amor de Dios que es para todos los hombres. Hay otros pueblos también. En Palestina, ahí cerquita de ellos, donde actualmente están matando a bombazos… los extranjeros residentes no eran considerados, disfrutaban de pocos derechos; eran siempre considerados ciudadanos de tercera categoría respecto a los dones de la salvación.
Los miraban de costado, y pensaban que no tenían derecho a que Dios les regalara dones; que los salvara como los salvó a ellos. Por eso Isaías, cuando leemos la lectura dice: "¡guarda! ¡Cuídense!. Más vale que en la vida practiquen el Derecho y la Justicia: ¡No se la crean! No son los dueños de Dios”. ¿Quién es el dueño de Dios, o aquel que atrae el corazón de Dios? Es aquel que practica el Derecho y la Justicia, no otro. No es por tradición, no es por sangre, no es por partido político que se tiene la exclusividad de Dios, sino por practicar el Derecho y la Justicia. 
Aparece entonces Dios, frente al Pueblo, como aquel que ama la Libertad, aquel que ama la Verdad, aquel que busca para los hombres la felicidad y que no excluye a nadie. No deja de lado a nadie; para Dios todos son Hijos, todos son dignos, todos tienen el mismo Derecho, todos tienen la misma Dignidad.
El Papa no se cansa de afirmarlo, y lo hace con la fuerza  de una profesión de Fe: ¡Todos los Hijos de Dios tienen el derecho al Trabajo, al Techo y a la Tierra!; Tierra, Casa y Trabajo son derechos sagrados, dice el Papa, porque esto lo cree la Iglesia; y la Iglesia cree lo que Dios nos muestra  y revela.

Es un crimen que millones de personas en el mundo sufran hambre;  sufran los efectos de la especulación financiera que condiciona el precio de los alimentos, tratándolos como cualquier otra mercadería; quitándoles la dignidad de vivir… simplemente de vivir. Todo hombre que vive en este mundo tiene una dignidad y nadie tiene derecho a quitársela. (Aunque de hecho hay muchos que se las van quitando) Estamos en el tiempo de los Derechos Humanos.
En el mundo existen muchas declaraciones de derechos, aunque gran parte del mundo se mata de risa. La Declaración de los Derechos Humanos del siglo pasado dice: `“Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios”.  Del mismo modo lo afirma el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 16 de diciembre de 1966: “Toda persona tiene el derecho a un nivel de vida digno para sí misma y para su familia, incluyendo alimentación, vestido y vivienda”.
Son los derechos del hombre. Nos asustamos de las violaciones humanas, de aquellas que sufren muchos en su carne, de aquellas que son noticia,  aparece un violador, aparece esto… pero sin embargo se violan tan tranquilamente los derechos humanos y por eso nadie va en cana. Y cuando alguien los viola y comete un ilícito hay que esperar años y años y años que se pruebe mientas que aquellos quienes sufrieron esa violación siguen sufriendo o sencillamente se mueren antes de ver esa justicia tan largamente esperada.
Derechos que son violados sistemáticamente por los que se creen los dueños del mundo, de una economía que no pone al hombre en el centro sino que pone el propio bolsillo, el propio interés, el propio lugar, la propia aspiración, el propio partido.
Todos se pone adelante del hombre;  y de esto una prueba evidente es lo que en la visita a este barrio nos fueron mostrando los vecinos: las casas que están y no se dan; las casas que no se terminan porque falta este detalle, falta una firma, porque aquel, porque el otro se lleva bien, porque le cae simpático, porque no le cae simpático… y mientras tanto la dignidad sigue esperando y los derechos siguen siendo violados. Quizás nadie va a decir Fulano viola el derecho del hombre porque no pone la firma donde tiene que ponerla en el tiempo oportuno pero si  es una violación, porque si alguien está sufriendo a causa de ello porque no tiene su derecho a la vivienda, alguien está violando su derecho, porque la vivienda es un derecho. Y así como el hambre es asesina, la intransigencia también es criminal. Cuando vemos que hay cosas que  no se hacen, se mira para otro lado ahí también podemos decir que hay crímenes. No serán de lesa humanidad pero sí son contra la fragilidad humana y siguen siendo crímenes porque se viola un derecho, no se le está permitiendo al hombre vivir con dignidad.

En el Evangelio de hoy nos encontramos otra vez con Juan el Bautista, él va anunciando a Jesús, el Mesías, y lo muestra. Señala a aquel que le va a mostrar a los hombres, y nos muestra a nosotros, cual es la dignidad a la que estamos llamados. La verdad sobre nosotros nos la muestra Jesús. Lo mostro desde chiquito, incluso sin darse cuenta. Él nació como un sin techo, diríamos como un homeless, buscando un lugar donde vivir porque los hombres le negaban un lugar. Seguramente en Belén había otros con más plata que podían pagar el albergue donde se estaba haciendo el censo o que tenían algún amigo que les facilitaba  el lugar, o una monedita puesta de costado también… Jesús nació en una cueva, en un hogar que no era propio, pero sin embargo ese techo precario de la cueva, por la dignidad  con la que vivían José y María antes de llegar a ese lugar, pudo ser un hogar. No fue casa, pero fue un hogar, porque tenían la experiencia del hogar; tenían la experiencia de la casa  y del hogar. Y por eso José pudo seguir andando y, aunque tuvo que huir de su tierra, tuvo en Egipto una casa y un hogar. Lucho para que su familia tuviera una casa y un hogar, porque no es solamente el techo por lo que se lucha. Se lucha por tener un hogar, un espacio donde se pueda crecer; un espacio donde se pueda socializar; un espacio donde se puedan encontrar unos con otros; un espacio donde se pueda jugar, dormir… un espacio donde se pueda sentir seguridad, a resguardo, un espacio donde se pueda proyectar un futuro sin temor a que mañana no esté;  porque eso es una casa y un hogar, un espacio donde se crece, se desarrolla, se construye.
Estamos pidiendo en esta Misa por eso. Estamos pidiendo por este barrio, estamos pidiendo para que el Techo no le sea negado a nadie. Y no solamente que no le sea negado, sino que se termine finalmente de una vez por todas aquello que se ha comenzado y se puedan habitar estos lugares que están con poquito para terminarse. Y pedimos por eso. No pedimos para que se hagan porque hay muchos que están hechos. Pedimos para que se terminen, para que aquellos que tienen que decidir, decidan; para que aquellos que tienen que firmar, firmen; para que la especulación no esté por delante de la realidad y la dignidad de los hombres; para que la cosa oscura o rara no esté por delante de la necesidad de aquellos que están buscando, aquello que les corresponde que es un techo y un hogar. Pidamos por eso. Juan el Bautista era una voz que clamó en el desierto. Nosotros no estamos en el desierto aunque pareciera que sí. Por eso clamamos, por eso pedimos; por eso tenemos que, al igual que Juan el Bautista, hacer oír nuestra voz para que las cosas no pasen inadvertidas. Los que tenemos muchos años estamos cansados de que nadie termina lo que otro empieza. En el fondo quien sufre es el Pueblo.
Nadie termina lo que otro empieza… tenemos enormes ´Elefantes Blancos´, tenemos proyectos que nunca concluyen, pareciera que se vengan unos de otros, pero se vengan en los que más sufren; en aquellos que son más vulnerables; en aquellos que no tienen capacidad ni posibilidad de oponerse  ni de poder luchar porque a veces existe también el temor: “a ver si lo poco que tengo también me lo sacan”.
Pidámosle al Señor que podamos vivir en la Justicia y en la Verdad, ¡todos! Nosotros, aquellos que administran los bienes de Dios que no son los dueños de nada. El dueño es Dios y el hombre, y no algunos. Pidamos que quienes tienen que administrar la Justicia sean capaces de escucharlo. Si no escuchan a Dios, sean capaces de escuchar el clamor del Pueblo.


Mons. Eduardo García

Obispo de San Justo
La Pastoral Vocacional de San Justo nos invita a participar de la Jornada Vocacional ´Atrévete: Viví tu Pasión con Alegría´, que se realizará en la Parroquia San Roque de Isidro Casanova, el Sábado 10 de Diciembre, a partir de las 14:30 hs.

A cargo del Equipo de la Pastoral Vocacional, este encuentro se dirige a  jóvenes (a partir de los 15 años) y jóvenes adultos. Aquí, entre mate y mate, compartiremos distintas charlas, actividades e inquietudes…

 Ésta es la primera de una serie de distintas jornadas que se realizarán en las diversas parroquias diocesanas, con la misión de acompañarnos en nuestro discernimiento vocacional. 


Para más info: atrevetesj@gmail.com

Misa x Tierra, Techo y Trabajo

´Las 3 T no tienen que ser el capricho, el regalo o la limosna de algún político de turno sino el derecho de todo hombre bien nacido en este mundo. (…) Le pedimos a Dios, fuente de todo Bien, de toda Razón y de toda Justicia para que ilumine los corazones de quienes manipulan la historia, manipulan el trabajo; limosnean a los hombres, haciéndoles sentir que están pidiendo lo que no es propio, a quienes se sienten unos magnates regalando aquello que les sobra (…) Y aquel que niega por “caprichismo´, ´politiquería barata´ o a veces por cosas un poco raras el derecho a otro que tenga un Techo digno, que vaya pensando que jamás va a tener una casa en el Cielo.´
                                                                                          Mons. Eduardo García, 25/11/2016.

En el marco de la exhortación del Papa Francisco a cumplir con el ´derecho sagrado´ de las ´3 T´, la Pastoral Social de la Diócesis de San Justo nos invita a participar de la ´Misa por el Trabajo, la Tierra y el Techo´, el viernes 16 de Diciembre, a las 18:30, en el Barrio Santos Vega.



Esta es la segunda de una serie de Celebraciones Eucarísticas que se realizan en los distintos Barrios y zonas carenciadas de nuestra Diócesis, con la finalidad de acercar el abrazo que alivia a todos quienes sufren en esta ´sociedad del descarte´. La primera Misa por las 3T fue en la Plaza de las Mujeres, del Barrio Las Antenas, el 25 de Noviembre.

Misa x el Trabajo, la Tierra y el Techo en el Barrio Las Antenas

En el marco de la exhortación del Papa Francisco a cumplir con el ´derecho sagrado´ de las ´3 T´, el viernes 25 de Noviembre, la Pastoral Social de la Diócesis de San Justo organizó una ´Misa por el Trabajo, la Tierra y el Techo´en la plaza Mujeres Argentinas, del Barrio Las Antenas.

Celebrada por nuestro Obispo diocesano, mons. Eduardo García y concelebrada por los presbíteros  Mauricio Cardea, Basilicio ´Bachi´ Britez y Claudio Pulli, la ceremonia inició a las 18:00 hs.

A continuación compartimos la Homilía de mons. Eduardo García:

Nos sentimos inestables, nos movemos un poco y sentimos que todo se nos viene abajo. Sin embargo, a pesar de eso, poder estar juntos y poder pedir esto lo que somos…
Mientras miraba un poquito pensaba en Jesús hablándole a la gente, como en el Evangelio de hoy; lejos de toda la fantasía que nos presenta la televisión con Moisés donde aparecen millones y millones de personas cruzando el Mar Rojo, salvando las distancias, Jesús también estaba con un puñadito de personas que lo seguía, como nosotros y se puso a enseñarles. 
No les  dijo nada sacado de algún libro magistral sino que trató de ayudarlos a descubrir la enseñanza que va trayendo la vida, y como desde la vida misma que es mucho más sabia que toda sabiduría que trata de interpretarla, hacerles descubrir lo que estaban viviendo.
Es un ejemplo propio del lugar, un ejemplo campesino. ¿Ustedes quieren saber lo que va a pasar en el futuro? Les dijo-, entonces miren la naturaleza: con el retoño, con las flores ya ahí podemos ir descubriendo lo que va a pasar. Descubran los signos, así como vemos un retoño y vemos un fruto y sabemos que hay un árbol; o al revés también: vemos un árbol y sabemos que por esta etapa del árbol va a florecer, aprendan también a descubrir ahí la vida. Seguramente lo miraron como diciendo ¿qué nos quiere decir este hombre?
Las cosas tienen un tiempo y una maduración necesaria, fundamental. Y siempre lo que esperamos del futuro, porque todos esperamos cosas del futuro, está encerrado en  germen en el presente. No hay futuro posible sin un presente real.
No hay esperanza en que  las cosas sean distintas sin un presente en el cual nos animamos a que las cosas sean distintas.
Jesús nos invita a no vivir en cierta magia frente al futuro y cierta cosa de navidad de Papá Noel, en la qué nos sentamos a esperar a que venga y cumpla aquellos deseos que humanamente no podemos. No, Jesús no es Papá Noel y Dios menos. Dios nos pone justamente la vida, para que en la vida vayamos construyendo ese futuro que él auspiciosamente nos va regalando y en el cual justamente esta felicidad que él quiere para nosotros, la pone en  nuestras manos.
Nada pasará por magia ni de golpe. Dios es sabio. Las cosas cuando vienen de golpe a veces nos empachan y no sabemos como usarlas. Valoramos las cosas que somos capaces de ir amasando cada día desde el esfuerzo del trabajo, desde la conciencia, desde la responsabilidad, desde el empeño, las aprendemos a querer, a  valorar y hacer crecer un poco más.
Que distinto es el ramo de rosas que nos regalan al rosal que plantamos. No es el mismo cariño, no es la  misma responsabilidad, no es la misma fuerza. Los dos son bellos, los dos seguramente pueden tenernos a nosotros como dueños pero no los cuidamos con el mismo amor. Porque en el rosal plantado por nosotros sabemos de tiempo, sabemos de dedicación, sabemos del agua necesaria y sabemos también del sol que no es nuestro ni podemos darlo y que necesitamos.
Por eso hoy estamos acá, desde este deseo justamente de crecer. No  de cualquier manera, no como un yuyo en  medio del campo, sino crecer como esa planta que Dios riega constantemente para que dé frutos verdaderos. Como esa planta que crece fuerte donde se pueden cobijar los hombres para que les de sombra y porque también el fruto alimenta.
Es lo que el Papa nos invita a pedir, haciéndose eco del clamor de tantos pueblos. Pedimos por el Techo, pedimos por la Tierra y pedimos por el Trabajo. 
Lo digo desordenadamente porque si bien necesitamos de la Tierra, necesitamos del Techo y necesitamos del Trabajo. A veces para tener la Tierra necesitamos el Trabajo primero y una vez que tenemos la Tierra podemos tener el techo; y una vez que tenemos el Techo después necesitamos que vengan las papeletas para que ese pedazo de Tierra sea nuestro Techo. Estas ´tres T´ que son sagradas. Porque  lo son, no tienen que ser el capricho, el regalo o la limosna de algún político de turno sino el derecho de todo hombre bien nacido en este mundo, que tiene el derecho a vivir, a pisar la Tierra, a sentirla suya para poder trabajarla, necesita cobijarse y cubrirse y tener el lugar donde sus hijos crezcan y su familia pueda ser feliz, sentarse a la mesa; es un derecho inviolable y sagrado sentir que sus manos son útiles y que está construyendo y transformando la historia y el mundo. Y eso lo pedimos. Se lo pedimos a Dios, fuente de todo Bien, de toda Razón y de toda Justicia para que ilumine los corazones de quienes manipulan la historia, manipulan el trabajo; limosnean a los hombres, haciéndoles sentir que están pidiendo lo que no es propio, a quienes se sienten unos magnates regalando aquello que les sobra; no son dueños.
La tierra es fundamentalmente de aquel que lo trabaja, pero más que todo de aquel que lo necesita. Aquellos que tienen en sus manos la decisión de poner un gancho para que haya cosas que se realicen, que descubran que todo pasa en esta vida; y que es bueno también ir cosechando desde ahora lo que esperamos recibir un día en el cielo. Y aquel que niega por “caprichismo´, ´politiquería barata´ o a veces por cosas un poco raras el derecho a otro que tenga un Techo digno, que vaya pensando que jamás va a tener una casa en el Cielo.
Pidamos también para que aquellos que están manipulando muchas veces desde la economía, que es una picadora de carne… y acá podemos decir que nuestras pequeñas economías son un ´Tramontina´  oxidado, que antes de picar, hiere, lastima y enferma; que se dé cuenta que la mortaja no tiene bolsillos. 
No se puede especular libremente con la vida, con la necesidad, con el dolor… o especular a veces arbitrariamente con ciertas concesiones que hacen que los hermanos se vuelvan contra los hermanos y no puedan trabajar juntos construyendo aquello que es de todos. Le pedimos a Dios eso. No le pedimos a Dios lo que él ya nos dio. Porque nos dio la posibilidad de trabajar, herramientas y Tierras para todos, Él nos dio la posibilidad de que seamos capaces de tener un Techo.
 Aquellos que se piensan que son dueños porque les toca administrar estas cosas, que descubran que simplemente son aquellos que tienen que dar lo que han recibido gratuitamente para que otros puedan vivir  y recobrar, de hecho, la dignidad que nunca tendrían que haber perdido.
Pidamos entre todos para poder trabajar ´estas tres T´, no solamente para nosotros sino también para los demás. Como decía el Martín Fierro: ´los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera´. Que en el fondo el poder conseguirlo y trabajar sean espacio de Comunión y no de división, de unos contra otros, sino de todos juntos, para que el grito se transforme en clamor y el clamor  llegue a Dios y Dios mueva los corazones de aquellos que tienen que realizarlo.