Info diocesano!

26 de Agosto: I Encuentro de Pastoral Social


"Tuve hambre y uds. no me dieron de comer; tuve sed y no me dieron de beber; era forastero y no me recibieron en su casa; estuve sin ropa y no me vistieron; estuve enfermo y encarcelado y no me visitaron". MT 25, 42-43.

La Pastoral Social de San Justo con gran alegría nos invita a participar de su "I Encuentro" que se realizará el viernes 26 de Agosto, a partir de las 20:00 hs; en la parroquia San Pantaleón - San Teodosio, ubicada en Catriel 3941, La Tablada. 

El encuentro tendrá como eje "la noche de la caridad", una obra de misericordia que, de a poco, comienza a tener presencia en nuestras parroquias.

Nos enfocaremos en los principales derechos sociales vulnerados como puntos críticos de partida para evaluar y proyectar acciones de concientización diocesana, así como también posibles y futuras actividades pastorales para desarrollar.

No perdamos esta oportunidad de encontrar a Dios en nuestra propia diócesis, en nuestra tierra matancera!!!



03 de Septiembre: Celebración del día del Catequista

La Junta Diocesana de Catequistas de la diócesis de San Justo nos invita a celebrar en comunidad el "día del Catequista"!!!

Nos encontraremos el sábado 03 de septiembre, a partir de las 09:30hs; en el Colegio Parroquial San Justo. La entrada será por la calle Arieta, al lado de la Catedral. 


No te lo pierdas!!!! 


24 de Septiembre: Misa de Niños

La Pastoral de Niños de San Justo nos invita a participar de la Misa diocesana para chicos que se realizará el 24 de Septiembre, a partir de las 15:30 hs; en el estadio Almirante Brown. 

Para más información, podes escribir a p.infancia.sanjusto@gmail.com


Estamos todos invitados!!!!!

Fiestas Patronales de la Diócesis 2016

En medio de los rayos y truenos, de cataclismos, tormentas y terremotos aterradores de los que nos habla el autor de la primera lectura, "aparece en el cielo una señal prodigiosa", un rayo de esperanza.  Los tiempos que nos tocan vivir, siempre complicados, nos parecen cada vez más difíciles y parecen un apocalipsis adelantado.

La historia está llena de guerras. Los libros de historia y nuestros diarios están llenos de guerras que se suceden interminablemente. 
Aunque las padecemos, estas guerras no son nuestra guerra: la mayoría de estas guerras son enfrentamientos entre grandes potencias, que se disputan los mercados, las fuentes de riqueza, el control de las vías de comunicación, el predominio cultural, el espacio, la corrupción...

Nuestra guerra es otra, nuestra guerra es contra el mal. A la luz de la palabra de Dios, no hay más que una lucha continua y una batalla decisiva, una guerra verdaderamente nuestra que el vidente del apocalipsis la describe como un enfrentamiento entre el dragón de las siete cabezas, que acecha contra la vida, y la mujer que está por dar a luz.

El dragón representa el orgullo hasta el endiosamiento, la ambición sin límites, la violencia desatada, el poder...; la mujer representa la exaltación de los humildes, la esperanza contra toda esperanza, la gracia y la fuerza de Dios, que se manifiesta en medio de las debilidades humanas. El dragón, la bestia inmunda y arrogante, fue en su día el faraón, Babilonia, Herodes, el infanticida, el Imperio Romano...hoy tiene otros nombres y apellidos que buscan aniquilar la esperanza. Hoy lleva el nombre de capitalismo egoísta y criminal, autoritarismo de todo tipo, intransigencia e intolerancia, explotación del sexo y de la mujer, manipulación de las conciencias, droga, sistema que se traga a los hombres con sus legítimas aspiraciones armando una cultura de descarte. La lucha que presenta Apocalipsis  entre la mujer y la serpiente, entre el bien y el mal, entre el hijo de la mujer y los secuaces del demonio, es de ayer, de hoy y de siempre;

Sin embargo “aparece en el cielo una señal prodigiosa”;  es que la palabra de Dios, desde el Génesis, con el que comienza la Biblia, hasta el Apocalipsis, con el que se cierra, es promesa y esperanza. El final es luz y claridad, victoria y esperanza para sostener la paciencia.

Ante el derrotismo de los escépticos desesperanzados, Dios nos reafirma; esta no es una batalla perdida sino que ha sido ganada ya de antemano.

La mujer, pintada por Juan, es la iglesia, somos nosotros, en la dramática lucha de los pobres por liberarse y recuperar su condición de persona, de todas las luchas de los oprimidos, de los esclavizados, de los que no tienen más que su esperanza.

La mujer se llama María: La mujer del Apocalipsis es el pueblo de Israel sometido a esclavitud, es la Iglesia perseguida bárbaramente en los primeros tiempos y es el pueblo de Dios que trabaja con esperanza y con paciencia cada día.

Es María, en la que se han hecho carne todas las esperanzas y luchas de los hijos de Dios, porque de ella nació Jesús, el Mesías, el Salvador y Liberador. Jesús no sólo fue venciendo durante su vida todos los enemigos del hombre, sino que muriendo y resucitando, venció al último de los enemigos, a la muerte. La resurrección de Jesús, que es lo que celebramos siempre en la eucaristía y la memoria que nunca podemos olvidar, es el triunfo y la victoria que se anuncia para todos los que creemos.

La victoria está decidida, porque Cristo, el hijo de María, ha vencido la muerte. Y la ha vencido por nosotros y para todos nosotros: "Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección".

Una victoria que ya podemos cantar: creer en la resurrección de Cristo, creer en la asunción de María a los cielos, es creer que ya ha comenzado lo que todavía esperamos que suceda plenamente. Y el que cree de verdad empieza a sentirse entrañablemente lleno de lo que se manifestará al fin y por eso tiene fe en la lucha y para la lucha, y no se achica ante los peligros, porque todos los dolores y sufrimientos no son otra cosa más que dolores de parto.

No vivimos sólo de promesas, porque la promesa ya se está cumpliendo. Por eso queremos cantar con María: "El poderoso hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos"

Cantamos con La Virgen un canto de fiesta, vida, lucha y esperanza.
Lucas nos invita a cantarlo en el marco del encuentro de dos mujeres de pueblo que, por distintas causas y en el mismo estado embarazo de esperanza, descubren llenas de alegría que por medio de ellas pasa la salvación.

Es canto de fiesta, vida, lucha y esperanza porque no es un canto a cualquier Dios, sino a un Dios que pone su poder al servicio de la compasión y al que nada de lo humano le es ajeno, sino que, al contrario, le es tan cercano que se hace hombre como nosotros para compartirlo todo con todos.

Es canto de fiesta, vida, lucha y esperanza porque Dios ha fijado su mirada en una pobre campesina sin aureola, cultura ni riquezas pero con el corazón abierto a la sorpresa de Dios. María es nuestra madre, pero sobre todo, Madre de esperanza para los más pobres y los más crucificados de este mundo. Si María es grande y bienaventurada para siempre es porque Dios es el Dios de los pobres. Lo que tiene de Reina en el cielo, lo tiene por Madre.

Es canto de fiesta, vida, lucha y esperanza porque lo que ha sucedido en María es para todos los hombres. Es el triunfo de todo aquel que sabe abrirse a la palabra que se acerca y no le pone trabas para que obre en su vida. Es canto de esperanza porque su triunfo puede ser nuestro triunfo; y esto está ahora en nuestras manos.

Como pueblo peregrino en San Justo, queremos decirnos y decirle en este día que es “nuestra Madre”, queremos aceptar su herencia, queremos reconocernos en ella y desde ella, en nuestra carne los genes del Dios que quiere hacer nuevas todas las cosas.

Queremos como hijos suyos en san Justo cantar su canto de fiesta, vida, lucha y esperanza porque también nos reconocemos mirados en nuestra pobreza, pero con el corazón con ganas de arraigarse en la esperanza que al final ésta ganará. Creemos que ganará la promesa de Dios, ganará, en definitiva, el amor en gestos de misericordia, ganará el que apuesta por construir y unir, no bajar los brazos aunque el entorno claudique porque la verdadera confianza está puesta en el Dios de la Vida que quiere hacer por nosotros grandes cosas.  

Y esto, lo que la Palabra de Dios nos dice hoy en esa especie de visión, es lo que creemos, queremos anunciar y luchar para que sea realidad.

No estamos solos, ni desamparados, porque San Justo tiene una Madre.

Mons. Eduardo García
Obispo de San Justo
Asunción de la Virgen 2016

Designaciones Tribunal Interdiocesano, Sala II

Creación del Tribunal Interdiocesano para las causas de nulidad matrimonial.

Mensaje de Mons. García por Corpus Christi

Corpus 2016 – San Justo

“No se puede comulgar impunemente. Es muy fácil asistir a misa y no celebrar nada en el corazón. Oímos las lecturas y no escuchamos la voz de Dios; comulgamos piadosamente, sin comulgar con Cristo; damos la paz, sin reconciliarnos con nadie”.

La crisis que vive el mundo y nuestro país no es algo que se solucione de un día para otro. Como no se trata solamente de una crisis económica, es muy probable que  la solución sea dura. No sabemos cómo serán las reacciones de la sociedad; por un lado, podrá ir creciendo la impotencia, la rabia y la desmoralización de muchos. Es previsible que aumenten los conflictos y la delincuencia. Puede ser que crezca el egoísmo y la obsesión por la propia seguridad desde el viejo y conocido: “sálvese quien pueda”.

Pero también es posible que vaya creciendo la solidaridad. Las dificultades nos pueden hacer más humanos y nos puede enseñar a compartir más. Como en otras oportunidades pueden estrecharse los lazos y la ayuda mutua, haciendo crecer nuestra sensibilidad hacia los más necesitados.

La crisis puede decirle algo a nuestras comunidades cristianas y ellas pueden decir algo también. La Eucaristía no puede mantenerse al margen de la vida, ni quiere mantenerse al margen de la vida. No podemos comulgar con Cristo en la intimidad de nuestro corazón, sin comulgar con la vida de nuestro pueblo y de nuestros hermanos que sufren. Eso no fue lo que nos pidió el Señor.

Desde aquella última Cena de Jesús, junto a sus discípulos, los cristianos nos reunimos para hacer memoria de Jesús; fue su encarecido pedido: “Hagan esto en memoria mía. Ellos comenzaron hacer memoria, no repitiendo un gesto, sino rumiando en su corazón la historia del Maestro "presente y vivo" entre ellos. Se contaban aquellas historias tan maravillosas de cómo el Nazareno recibía a los marginados, de cómo infringía la ley por amor a los necesitados, priorizando así la dignidad de la persona por encima de toda prohibición ritual. Actualizaban las comidas del Maestro con los publicanos, los pobres y las prostitutas, y no dejaban de vibrar ante el recuerdo de aquellas escenas en las que el Señor despertaba la conciencia  de las personas, para que se levantaran de su humillación, animándolos a una vida nueva y digna.

En cada historia iba creciendo la admiración por Jesús y la comunión con su vida. En largas sobremesas pobladas de recuerdos, el Espíritu tallaba sus corazones, los iba configurando con el del Maestro que  enfrentó a las estructuras del mal del mundo y dio la cara ante la injusticia. Paulatinamente, hacer memoria, era simplemente dejar que el acento del Maestro se les fuera pegando en el corazón, hasta tener sus mismos sentimientos.

“Hagan esto en memoria mía” sigue resonando como el eco del corazón de Dios sobre la historia de los hombres y la vida de los pueblos. Sigue resonando, no como palabra hueca, sino como llamada que redime.  Necesitamos hacer memoria, no solo de un par de palabras, ni de un rito repetitivo y rutinario, sino de la acción salvadora de Jesús.

“Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes hasta la muerte… Este es el cáliz de mi sangre que se derrama para el perdón y la reconciliación definitiva. Esta es la síntesis de lo que el Señor había hecho durante su vida: Siendo maestro y Señor se hizo siervo y esclavo de todos. Se puso al servicio de los necesitados de este mundo comulgando así con su situación para redimirlos, solidarizándose con sus más profundas aspiraciones. Se fue identificando con los desheredados, enfermos y marginados de este mundo, hasta el punto de llegar a ser perseguido,­sin otro motivo más que expresar que éste era el obrar de Dios Su Padre.Una vida que se hizo migajas para que los pobres pudieran saborear la ternura de Dios.           

“Hagan esto en memoria mía». Los gestos de Jesús en esa última cena nos remiten a toda su vida, pero de manera especial a la escena del Evangelio de hoy. El Nazareno habló a la multitud acerca del Reino de Dios, y devolvió la salud a los que tenían necesidad de ser curados. Otro evangelista nos dirá que “al ver a la multitud le dolían las entrañas”

No se desentendió de su hambre. Los  mandó sentar, tomando de la pobreza de esos hombres, expresada en unos trozos de pan y unos pocos peces, la amasó en su corazón y se las devolvió convertida en misericordia, “recibieron lo que necesitaban”, se saciaron todos, unos cinco mil, sin contar mujeres y niños.

Anticipo de la última cena, donde silenciosamente comenzaron a resonar esas palabras que en el cenáculo serán contundentes y definitivas. “Hagan esto en memoria mía».

Y así fue, y será ... porque al día siguiente, y al otro, hasta hoy y por siempre, Jesús invita a todos a hacer lo mismo, porque comer el cuerpo del Señor es dejarnos abrazar por Su Misericordia, para convertirnos nosotros en misericordia para los demás. Jesús es el pan que el Padre nos parte para que los hijos podamos ser alimentados. Jesús es la Misericordia  de Dios hacia sus hijos hambrientos y necesitados.

“Hagan esto en memoria mía”, es la invitación de Jesús en cada Misa a compartir su misma vida, a tener sus mismas “entrañas de misericordia”.

“Hacer memoria de Jesús es ser semejantes a Él, siendo entrañablemente misericordiosos, sirviendo la mesa grande para todos, sirviendo la mesa  donde se produce sufrimiento, allí donde están las víctimas, los empobrecidos, los maltratados por la vida o por la injusticia de los hombres, las mujeres golpeadas y atemorizadas, los extranjeros sin papeles, los que no encuentran sitio ni en la sociedad, ni en el corazón de las personas. Servir una mesa en la que puedan sentarse los que están en la cuneta de la vida, los que no tienen todo en regla, “haciendo lo mismo que Jesús”. Servir una mesa donde el incienso, del que a veces nos envolvemos,  no nos impida ver a los hermanos, ni los lugares "ya preestablecidos", impidan que otros puedan sentarse.

“Hacer memoria de Jesús es, ser semejantes a Él, con entrañas de misericordia pasar haciendo el bien y curando a los oprimidos”. “Hacía el bien, bien”, no por casualidad, sino por opción, desde la raíz buscaba como Hijo “salir al Padre” expresando el cariño del Padre.

Quien no vive con entrañas de misericordia, no es Eucaristía lo que celebra, porque lo que el Señor mandó rememorar no fue un rito, sino todo un proyecto de vida, toda una vida hecha amor: compartiendo y sirviendo.   Nunca nuestra comunión será memoria del Señor, si no introduce la justicia que brota de la compasión.  Nunca nuestra comunión será memoria del Señor, sino va a contra corriente, porque la Misericordia de Dios no encaja en personas e instituciones que degradan a los hermanos.     

Así es como el Señor vivió. Eso es hacer memoria del Maestro. Y cuando se hace lo mismo que él, la misma misericordia de Jesús está presente entre nosotros, los suyos. Eso es vivir la Eucaristía, eso es hacer memoria. Eso es vivir con entrañas de misericordia.

Que alimentados por la misericordia, seamos pan de la misericordia que se parte, reparte y sobra.

Mons. Eduardo H. García
Obispo de San Justo

29 de mayo 2016

Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Jesús

Con gran alegría la diócesis de San Justo nos invita a vivir de una manera muy especial la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Jesús!!!

Por tal motivo, el Sábado 28 de Mayo, nos juntaremos a las 12:30 hs. en diversos puntos de encuentro para marchar en comunidad, hacia la Catedral de San Justo.

Los sitios de reunión serán: ´Av. de Mayo y Humboldt´; ´Av. San Martín y Ruta 3´; ´Rucci y Ruta 3´; ´Bufano y Crovara´.

Bajo el lema ´Pan de la Misericordia para su pueblo´, a partir de las 15:30 hs. compartiremos la Eucaristía y la tradicional procesión por las calles de San Justo. Posteriormente tendremos una gran fiesta popular...

Asamblea diocesana del Pueblo de Dios

El miércoles 25 de mayo, la Diócesis de San Justo celebró una nueva Asamblea del Pueblo de Dios. La misma se llevó a cabo en las instalaciones del Colegio Parroquial de San Justo, contando con la presencia del obispo Mons. Eduardo García, el presbiterio y miembros de las comunidades parroquiales de la diócesis.

La recepción musical, estuvo a cargo de jóvenes de la pquia. Ntra. Sra. de Itatí, favoreciendo un clima festivo. Luego, se da inicio formal al encuentro con la entonación del himno Nacional Argentino, una oración especial, y las palabras de Mons. Eduardo García.

Frente a la comunidad, el obispo, destaca la diversidad de los presentes, tanto en edad como en modos en que han entrado en el “camino de la Iglesia”, y que cada uno con su historia, hoy puede unirse en un “mismo llamado”. A ello, agrega que “hoy la Iglesia nos invita a vivir ese llamado y esta pertenencia de un modo particular: a través de la mirada sobre la realidad, sobre la vida, sobre lo que la gente, nuestro pueblo, vive”. Recuerda también el camino que viene transitando la Iglesia a partir del Documento de Aparecida, haciendo hincapié en reconocer la necesidad de volver a las raíces, volviendo a ser “discípulos y misioneros”, y poniendo a la Iglesia en “estado de misión”. 

Asimismo, señala que “el discípulo verdadero es misionero porque con su vida está mostrando aquello que cree, con su manera de obrar, de pensar, de ser, de decir, de amar; misionero es aquel que por ese modo de vivir contagia y entusiasma con su propia vida”. Además, resalta que esta idea comenzó a ser un llamado para toda la Iglesia: la dulce y confortadora alegría de evangelizar. Observa la importancia de una conversión pastoral, que implica repensar toda la “vida eclesial” desde la “misión eclesial”, para que el mensaje llegue más y a todos. Por último, resalta el desafío de una Iglesia en salida: tener la mirada atenta a qué es lo que pasa, qué es lo que se necesita y aceptar los dinamismos de la vida y acompañarlos.

A partir de esto, se comienza a trabajar en modo colaborativo, líneas de acción orientadas a plantear cómo hacer para que el camino pastoral sea más misionero. Esto se lleva adelante en bloques definidos de: Educación, Familia, Niños, Jóvenes, Solidaridad y Catequesis. Al finalizar los trabajos, se pone en común las conclusiones, destacándose propuestas de integración social, cercanía con la comunidad y vinculación diocesana.

Además, durante el encuentro, se compartió un mensaje del Presbiterio diocesano, que se encuentra celebrando la Semana Pastoral. En el mismo, reconocen las alegrías y motivaciones de sentirse discípulos misioneros con esta porción del pueblo matancero, la fidelidad y entrega del laicado, los flagelos de las comunidades, y las fragilidades propias de los pastores.


Por último, se cierra el encuentro en la Catedral, con la celebración de la misa en acción de gracias por vivido en esta  Asamblea, y se dio el envío misionero a las nuevas autoridades de las comisiones diocesanas.